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25/10/2002: 

Una breve visita a Polonia 

Cuando se habla de Polonia, recordamos en seguida la nieve, el frío, de las muñequitas rubias de trenzas. Cuando crucé la frontera de Alemania rumbo a la ciudad polonesa de Szczecin,  no sabía bien qué esperar, pero tenía la seguridad de que sería una visita muy interesante.

Polonia no es un Estado antiguo, se hizo independiente en 1918. Aún así pasó por una turbulenta historia. Sufrió bastante en la Segunda Guerra Mundial, cuando fue invadida por Alemania y, después, se transformó en parte del bloque de países relacionados a la Unión Soviética. Aún es posible observar resquicios del comunismo como, por ejemplo, coches antiguos andando por las calles. A pesar de haber sufrido crisis económicas, principalmente en los años 70, hoy es una de las economías del Este Europeo que más crecen.

Fui a Szczecin, una ciudad portuaria a 3 horas de Berlín, para conocer el lugar de donde vinieron muchos inmigrantes poloneses para intentar la vida en Rio Grande do Sul. No hace mucho tiempo que llegaron a Brasil huidos de la I Guerra Mundial y fundaron ciudades como Don Feliciano. De esta forma, pequeñas colonias de poloneses se formaron en el interior de Rio Grande do Sul, que todavía preservan el hábito de hablar el idioma polonés.

Por ser portuaria, Szczecin es una de las mayores ciudades de la región, con museos, pórticos e iglesias. No es turística. Encontrar tarjetas postales y souvenirs ¡fue un sacrificio! Pero para quien esté en Berlín, sin mucho tiempo o dinero, y quiera conocer un poco del espíritu polonés, es una buena pedida.

Fue sólo colocar el pie en Szczecin y ya pude sentir diferencias, para empezar por los precios. La moneda polonesa vale menos que el euro, haciendo el costo de vida prácticamente igual al de Brasil. Para brasileños, el idioma polonés es la mayor dificultad. En Szczecin, sólo encontré personas que hablaban inglés en hoteles y en las informaciones turísticas. De resto, la población sólo habla el polonés.

No conseguir comunicarse es una sensación de impotencia total, de estar perdido y no tener a nadie para ayudar. La única forma, realmente, es la mímica, ya que el idioma no tiene nada parecido con el portugués. Es necesario mucha creatividad y algunas situaciones llegan a ser graciosas. Hacemos una pregunta, ellos no entienden y responden en polonés, y claro no se entiende nada tampoco. ¿Pueden creer que me quedé media hora esperando por un tren, que acabé perdiendo porque estaba en la plataforma equivocada? ¡Hasta que pudiera descubrir cuál era la plataforma correcta fue una dificultad!

Pero, a pesar de la fama de país helado, el pueblo polonés es muy hospitalario. Las personas intentan ayudar (aunque sea en vano) y las que hablan inglés son muy simpáticas con los turistas. Yo no podría dejar de probar un típico plato polonés. En un restaurante simple, con precios buenos y con comida casera probé el pierogi. Se trata de una especie de pastel con pasta de ravioli, primero cocido y después levemente frito y relleno con repollo.

Vale la pena probar la culinaria polonesa; además de ser sabrosa, la comida es bastante accesible en Polonia. Todo es mucho más barato. La moneda polonesa, el Zloty, equivale al real. Después de viajar por Suiza y Alemania, países caros, estar en Polonia es un alivio para el bolsillo.

No pude conocer las ciudades más famosas de Polonia, como Krakovia, que era la antigua capital; Varsovia, la capital actual; y Gdansk, en el mar Báltico. Krakovia es la más visitada y dicen ser una de las más bonitas de Europa. En sus alrededores están campos de concentración, como el de Auschwitz, un lugar que todavía quiero visitar un día. A pesar de lo poco que conocí, Polonia se reveló un país amigable, accesible, cargado de historia y con gran potencial  a ser explorado.

Imágenes: 

- Catedral:   1,   2

- Centro cultural:   1

- Portal:   1

- Edificio de majestuosa arquitectura:   1

- Castillo:   1

(Lilian Piraine Laranja)

Traducido por Traduzca