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02/10/2002: 

Venecia, el romanticismo vive aquí

¿Cómo es Venecia? En una única palabra, apasionante. No existe otra ciudad como ella.

Desde pequeña, siempre quise conocer esta ciudad italiana, donde sus calles eran hechas de canales. Me quedaba imaginando cómo sería un lugar así, donde los coches dan lugar a los barcos y góndolas. “¿Será que existen aceras por donde caminar?”, me preguntaba con mucha curiosidad. Pues la curiosidad de niña dio lugar a la determinación, y ahora allá estaba yo, en la famosa Venecia. La ciudad no dejó nada a desear a mis sueños de niña.

Venecia no sigue la lógica de una ciudad normal, al final ella no tiene nada de común. Las calles siguen el rumbo de los canales e incluso caminando con un mapa usted se pierde. Las callejuelas llenas de curvas nos hacen perder el sentido de dirección. ¡Son 117 islotes con una centena de puentes! Por eso, hay un sin número de placas de orientación. El Canal Grande, como el nombre ya lo dice, es el principal de los canales y divide la ciudad al medio.

La primera impresión que se tiene es de una ciudad repleta de turistas, llena de quioscos viendo souvenirs, con casas muy antiguas y no todas bien conservadas. En el trayecto de la estación de tren hasta la Plaza San Marcos, principal punto de la ciudad, me fui familiarizando con las calles, callejones y pequeños puentes, con los edificios antiguos y con la inevitable multitud de turistas. Pero esa no era todavía la Venecia que yo estaba buscando...

Llegando a la Piazza San Marco, plaza donde hay más palomas que personas, la imponente Basílica de San Marco es la atracción principal. Con una fila enorme para visitación y con el tiempo corto, preferí aprovechar y conocer mejor la ciudad, porque, al final, iglesias ya visité bastante. Y sin querer quitarle el prestigio de sus monumentos, la principal atracción de Venecia es la ciudad en sí.

En la Piazza San Marco, lo divertido es ver a los turistas cubiertos de palomas sacando fotos y los grupos de japoneses filmando cada detalle del lugar. La galería que contorna la plaza tiene muchas tiendas de joyas y artes, interesante de ver, pero nada muy accesible al bolsillo... Una cervecita en un bar de la plaza sale por 7 euros un vaso.

Al lado de la Basílica San Marcos, el Palacio de los Duques, antigua residencia oficial de duques, es un edificio muy bonito, con arcadas góticas, reconstruido en el siglo XIV. Actualmente, el palacio es un museo que atrae un sin número de turistas.

Pero lo mejor estaba todavía por llegar: el gran evento que ocurre en el primer domingo del mes de septiembre, la Regatta Storica. Y qué suerte la mía, pues ni siquiera había planeado la fecha. Se trata de una competencia de góndolas, de diferentes categorías, que recorren un circuito por el Canal Grande. Turistas y venecianos disputaban lugares a la orilla del canal y en los puentes para ver la regata.

Incluso fue difícil sacar fotos, por causa de tanta gente, pero nada que una buena conversación con brasileños no resolviese. A pesar de la competición, lo más interesante fue la creatividad en la decoración de las góndolas y el colorido que adornaba el río. Barcos repletos de legumbres y frutas, algunos con tripulación en trajes típicos de antiguamente, otros barcos con esculturas, y uno incluso con bandita y tripulación en trajes romanos. Un día de fiesta en Venecia, que fue noche adentro.

Y para quien me pregunte sobre las góndolas, ellas están por todos los lados y son el encanto de Venecia. Algunas decoradas con almohadones en forma de corazones, ideales para las parejas enamorados.  Infelizmente no hice el paseo. No que no lo quisiera, al final pasear por los canales y contemplar la linda vista del atardecer con su amor al lado es algo para no olvidar más... Pero, a pesar de lindo, el paseo no es nada accesible. ¡Son 150 euros por 45 minutos, o sea, cerca de 500 reales! Será en otra oportunidad...

Huyendo un poco de la confusión de turistas, el camino de regreso al hotel fue adorable. Caminé por la zona menos turística de Venecia, donde residen sus moradores. Repleta de callejuelas muy estrechas y canales con puentecitos, es allá que estaba la Venecia que siempre imaginé. En cada puente se puede tener una linda vista de las casitas a la orilla de los canales. Edificios antiguos, algunos todavía de piedra, y una tranquilidad solamente rota por las voces y sonidos venidos de dentro de las casas. Claro que me perdí, pero ese es justamente el chiste del paseo. Cuando vi, estaba en el borde de Venecia, donde los coches se quedan estacionados – ellos no entran en la ciudad.              

Por ser una ciudad sin coches, no existe mucho ruido o contaminación. Lo bueno es poder andar libremente por las aceras, sin tener que mirar para los lados antes de cruzar una calle. Venecia puede ser fácilmente recorrida a pie. A pesar de la abundancia de góndolas, canoas e incluso pequeños barcos a motor, no hay atascos.

De noche, los restaurantes se llenan y los canales reflejan las luces de la ciudad, dando un toque especial al lugar, que se hace aún más romántico. Al otro día, era hora de partir... Que pena tener que dejar Venecia. Mientras no sea posible volver, voy guardando en la memoria los lindos canales y el romanticismo de esa ciudad única.

Imágenes: 

- Canal principal:   1

- Canal Grande:   1  

- Otro canal:   1

  - Catedral de San Marcos:   1

- Góndolas:   1,   2,   3

(Lilian Piraine Laranja)

Traducido por Traduzca