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01/10/2002: 

Roma, la ciudad milenar

Cerca de 7 horas de viaje saliendo de Mónaco y ya estaba en otro país y en otra gran capital: Roma. La ciudad del Gran Imperio Romano de los tiempos antiguos, donde el cristianismo ganó el mundo, ciudad de obras de Raphael Michelangelo y de Leonardo da Vinci, de grandes emperadores como Júlio César y Maximiliano. El viaje a Roma parece un viaje por la propia historia.

La primera atracción a conocer sólo podría ser el Coliseo, la tarjeta postal de Roma. Esta gran arena también servía de teatro y era palco de luchas, que siempre acababan en muertes. Escenario de muchas películas de época, entre los más recientes “El Gladiador”, era en el Coliseo que la población romana se divertía. Hoy, las ruinas de lo que fue la gran arena del pasado son visitadas por muchos turistas y constituye el monumento más famoso de Roma. Su interior está abierto a visitación. Un paseo por lo Coliseo es una buena oportunidad para volver en el tiempo de la historia e imaginar cómo el lugar hierve en aquellos años de imperio.

Continuando el “tour” por Roma Antigua, fui a caminar por las ruinas del Foro Romano. El tamaño de los templos y la altura de las columnas que permanecen erguidas son impresionantes. Las ruinas revelan cuánto era grandioso el Imperio Romano. Caminar por las ruinas de las casas donde vivía el pueblo nos hace pensar sobre cómo sería el día a día de las personas comunes de la época; cómo ganaban la vida, qué hacían, cómo eran sus relaciones personales. Por mala o buena suerte, empezó a llover fuerte mientras caminaba por las ruinas, pensando en todo eso. Los truenos  dieron lugar a un toque diferente, como si el pasado todavía rondase aquél lugar.

Saliendo de las ruinas – y aprovechando para escaparse de la lluvia - fui a visitar el museo Vitoriano, un bello edificio en forma de palacio, con colecciones sobre la historia de Italia. Lo mejor fue ver los artefactos de Garibaldi, como su espada, botas y farda. de la misma forma que para nosotros (gauchos), Giuseppe Garibaldi se lo reconoce como héroe por los italianos, porque tuvo importante participación en el proceso de unificación del país.

Al final del día, un paseo por la Fontana de Trevi para garantizar el retorno a Roma, y claro, hacer un pedido. Dicen que es necesario tirar una moneda para volver y otra para que el pedido se haga realidad. Siendo verdad o no, la fuente vale el paseo, ¡pues es linda! Hecha en estilo romano, con muchas esculturas, con destaque para Neptuno. Cerca de la fuente, fui a comprobar la fama de la pizza italiana en una verdadera “pizzería”. ¡Huum... Masa bien delgada, para comer con la mano, y una salsa deliciosa!

En Italia, cualquier quiosco de sándwichs vende la sagrada pizza, algunas dobladas como calzones. En los restaurantes, la bebida preferida es el vino, acompañado de agua. Claro, en la típica cocina italiana reinan las masas, además de las pizzas, y como postres los gelatos, los sabrosos helados italianos.

Después de una buena pizza italiana, era hora de descansar para aprovechar bien el día siguiente, que estaba reservado un lugar muy especial: el Vaticano.

Imágenes: 

- Vista externa del Coliseo:   1

  - Vista interna del Coliseo:   1

- Arco di Constantino y Coliseo:   1

- Basílica del antiguo Foro Romano:   1  

- Ruinas del antiguo Foro Romano:   1,   2,   3,   4,   5,   6,   7,   8

- Estatua de Moisés, de Michelangelo, en la Basílica di San Giovani:   1

- Catedral de Roma:   1,   2

- Pantheon:   1

- Fontana di Trevi:   1

- Boca della  Veritá:   1 

El Estado más pequeño del mundo

Para quien no sabe, el Vaticano es un país, ¡el más pequeño del mundo! En verdad ese pequeño Estado es un manzano en el medio de Roma, pero de un tesoro sorprendente.

Me sorprendí con la belleza del Vaticano. Nunca imaginé que la Basílica de San Pedro fuese tan grande y tan bonita. Por fuera, la Basílica forma un lindo paisaje en conjunto con la plaza San Pedro y sus columnas, pero lo mejor está allá dentro. Después que crucé la puerta sobrevino un deslumbramiento, al ver aquella iglesia tan grande, con adornos de oro. La primera cosa que fui ver a fue la Pietá, de Michelangelo. Una escultura bellísima, muy expresiva, como sólo un genio podría hacer. Da ganas de quedarse allí mirando por mucho tiempo... Para encontrarla, no hay error, justo después que se entra ya se ve un grupo de turistas a la derecha, es allí.

Caminando por la Basílica, existen decenas de esculturas enormes y pinturas renacentistas para apreciar. El Baldachino, altar en bronce de 29 metros, esculpido por Bernini, es otra reliquia del Vaticano. Desciendo una escalera, es posible ver los túmulos papales, con sus adornos y esculturas. En el mismo lugar, está la urna donde se guardan los restos mortales de San Pedro.

Mejor que eso, sólo asistir a una misa en la Basílica de San Pedro. ¡Y que suerte de poder hacerlo! La misa fue ministrada en italiano, con partes cantadas en latín. Cuatro cantores hacían el fondo musical junto con el organista. Inolvidable. Para mí, quedó claro cuán significativo e imponente es el poder de la Iglesia Católica, y qué lindo es el Vaticano y sus tesoros raros.

Después de tres días, dejé Roma y toda su historia milenar. A pesar del tiempo corto, conseguí ver sus principales atracciones y conocer un poco de la cultura de la ciudad. La Roma de monumentos lindísimos, muchas ruinas del tiempo del Imperio, inscripciones en latín por todos los lados, pórticos, iglesias y esculturas renacentistas. E independiente de los sus edificios mal conservados, de algunas calles sucias y del tránsito loco, Roma no pierde su estatus de constituir una de las grandes metrópolis del mundo, y referencia importante de origen de la civilización occidental. Adorada por turistas, procurada por historiadores, Roma é una ciudad muy antigua, que “transpira” mucho de su ya larga historia.

Imágenes: 

- Vista de la Basílica de San Pedro:   1

  - Plaza de San Pedro:   1,   2

- Túmulo del Papa Juan XXIII:   1

- Agua bendita:   1  

(Lilian Piraine Laranja)

Traducido por Traduzca