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21/08/2002: Holanda, ¡hasta en breve!
Me despedí de Holanda
el día 17 de agosto. Había llegado la hora de partir, mi trabajo en Rotterdam
estaba listo, mi misión cumplida. No que fuera una despedida definitiva, pero
un "hasta en breve". Dentro de más o menos un mes, estaré volviendo
para tomar mi vuelo de regreso a Brasil. Visité Amsterdam, mi
ciudad preferida en Holanda, un día antes de irme. Un viernes caliente y
soleado, que reservé para visitar el Museo Vincent Van Gogh y comprar los últimos
regalos para la familia. No podría haberme despedido de Holanda de mejor
forma... desde que llegué, quería visitar el museo de Van Gogh. Desde pequeña
me encantan las pinturas de colores intensos de ese artista holandés, que para
mí siempre fue tan marcante. Los colores vivos, los contornos fuertes y los
trazos libres, pero en armonía con las formas tan especiales. La mayoría de
sus cuadros retrata los paisajes bucólicos del interior de Holanda y Francia
del siglo XIX. Van Gogh no fue un revolucionario, pero sí un innovador porque
su alma lo pedía, era preciso buscar nuevas formas y nuevas miradas para una
realidad campesina que pasaba desapercibida. Para mí, que siempre aprecié al
artista, estar en frente de sus obras originales fue bien emocionante, aún más
pudiendo conocer la historia de su vida. Terminé mi despedida de
Amsterdam, y que considero de la propia Holanda, caminando por los canales
alejados del centro. Fui observando aquellas calles y personas, que no vería más,
como si fuese la primera vez que estuviera allí. El ruido diferente de esa
ciudad, sin sonido de coches o bocinas, sin contaminación. Apenas el sonido de
las bicicletas, de los vasos en los pubs, de los barcos por los canales. Un día
lindo para observar la silueta de los edificios estrechos y con diferentes
frontones, antiguos e inclinados. Llegando más cerca del centro, los edificios
de colores, los artistas de calle y las tiendas de recuerdos alternativos hacen
la alegría de la ciudad y reflejan un poco la Amsterdam liberal idealizada por
los turistas. En el viaje de regreso a
Rotterdam fui recordando esos 3 meses que viví en Holanda y en todo lo que me
gustaba en estas tierras de aquí. Fui identificando lo que más me gustaba...
los canales de Amsterdam, sus edificios antiguos y los artistas en las calles.
El sonido silencioso en las ciudades holandesas, donde se escucha el ruido de
las casas; incluso Rotterdam y Amsterdam son silenciosas. La cerveza deliciosa
de Holanda y los pubs oscuros, abiertos desde la mañana. Me encantó el Old
Harbour, donde están las "cubic houses" en Rotterdam, con su canal y
pubs. El puente Erasmus, la arquitectura del teatro Luxor, el barrio Delfshaven.
Me encantaron los molinos a la orilla de los caminos y las hacienditas de pastos
verdes con las vacas pintadas. La puesta del sol rosado en el Parque Krelingen
en Rotterdam. Me encantó andar en bicicleta, ¡incluso después de haberme
accidentado! Y, claro, me encantó ver las flores holandesas y los buqués
cargados de un lado para otro, los curiosos diques y canales que dejan a Holanda
abajo del nivel del mar. Me encantó el acento de los holandeses hablando inglés.
Me encantó descubrir una ciudad diferente cada final de semana y notar, o no,
lo que ella tiene de singular. No podré olvidar los deliciosos "stroopwafles",
¡voy a echarlos de menos! Los balcones floridos que son una delicia, el Dizzy
los martes con sus shows de jazz y el supermercado alemán "Alde",
siempre más barato. Son muchas los recuerdos y las imágenes. Así voy intentando guardarlas conmigo, en fotos, en textos, en los amigos que hice y que dejé. Pero, como dicen, un final siempre significa un nuevo inicio. Cuando partí de Rotterdam en la madrugada del último domingo, un nuevo viaje estaba iniciándose, ahora más intenso y aventurero. Estaré viajando durante cerca de un mes por cinco países del viejo continente. De Madrid a Zurich, de Roma a Berlín, desde allá pasaré por Francia, España, Italia, Suiza y Alemania. Y mi primer destino no podría ser más entusiasmante... ¡París! Traducido por Traduzca
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